viernes, 1 de abril de 2011

SI EL ORGULLO HABLA...

Pintura de N.Roerich.



Hace unos días, en una de mis conversaciones, con una gran persona, pude sentir, como hacía tiempo que no me ocurría, la raíz de mi orgullo.
Totalmente opuesto a mi natural espontaneidad, llegó la mente y sus inhibidores pensamientos, queriendo controlar cada una de mis emociones.
La frescura de mi corazón se disfrazó en un traje de neopreno; axfisiando mi pecho y la profundidad de sus sentimientos.
No hablaré de las raíces del ego de una persona,múltiples y variadas, pero si de uno de sus mayores aliados:el orgullo.
El orgullo, con su falso poder y obsesión por el reconocimiento de los demás, nos hace atrincherarnos en una falsa identidad, creada por nuestro ego.
Sí. El ego, siempre está a la defensiva porque en el fondo de su conciencia, sabe perfectamente de su debilidad.
Muestra una imagen empañada de nosotros mismos,alimentándose de nuestras inseguridades y debilidades internas..Nada en el mudo mide con mayor exactitud nuestros supuestos fracasos y aciertos, que la tiranía de nuestro propio ego.
Hoy en día, en nuestra sociedad, parece ser que una persona con cierta dosis de orgullo, es mucho más fuerte y digna que aquella persona que sin bloqueos emocionales, en una aceptación total de las situaciones, se rinde en sus pretensiones, es decir;
cede, acepta, fluye...
¿Qué tiene que ver el orgullo ,con la dignidad esencial e inherente de una persona?
Nada.
El orgullo es soberano de dominios obsoletos, cerrados y dominados por el miedo, contribuyendo de esta forma, al envilecimiento de nuestro ser.
Al contrario, la dignidad humana, es uno de los baluartes fundamentales de las nobles virtudes que subyacen en la esencia misma del ser humano.
La dignidad tiene que ver con autoestima, confianza y seguridad en uno mismo, pero nada tiene que defender y mucho menos, que atacar.
Los seres humanos, debemos de sentir la humildad en nuestros corazones.¡Sentirla de verdad!
De esta forma, y bajo un concepto panteísta del Universo, por el que yo soy una diminuta chispa de luz y materia de todo lo Creado,Pienso que no soy quién para perdonar o ser perdonada por nadie.Mi orgullo me repite en una falsa humildad:"debes perdonar"y, mi humildad, me dice:"perdónate a ti misma".
Se puede perder una buena amistad por caprichos del orgullo, creando interferencias y discontinuidades, en las relaciones con los demás.
"¿Por qué no hablé en su tiempo?...¿por qué no cedí en mi empecimiento , en mi necedad?..."
Tenemos que ser capaces de flexibilizar nuestras férreas posiciones, en aras de un bien mayor; de una buena amistad.
La próxima vez que sienta el orgullo en mis entrañas, socavando mi armonía e ilusiones, pensaré en la siguiente reflexión:


"Si el orgullo habla,la soberbia grita"
"Si el orgullo calla, la humildad responde"

                                                                   
                                                                     Irene Ríos.