viernes, 6 de mayo de 2011

AMAZONA ERRANTE

Caminas por calles desoladas,
de paredes roídas y quebradas.
Con garabatos pintados de añil,
y una esquina,
sibilina, parlante
me hablaba de ti:
amazona errante.

Cabalgas sin descanso.
Noche tras noche,
luna tras luna.
Sin espuelas,
sin riendas
ni armadura.
A lomos de lascivos caballos.
De encuentros macabros.
En atardeceres mediocres;
pálidos y censurados.

Escabrosos susurros.
Obscenos desprecios,
desnudando tus intrigas,
exhibiendo tus encantos
con besos furtivos de cal
y lágrimas de asfalto;
que asfixian tu llanto
en un tiempo muerto
de silencio.

Son endebles tus raíces de infancia.
Insondables carencias de cuna.
Sin Amor, sin piedad alguna.
Dejando tu valía, dignidad,
y la fuerza de tu alma;
plomiza y agotada.
Que de no sentir amor,
 abandonó tu cuerpo,
 a la suerte de la Nada.

Un pasado sin esencia,
arrebató tus ilusiones,
y tú...
¡amazona errante!
¡ménade curiosa!
Alimentando entrañas de placer.
Con raso de tul y satén;
borraste los sueños de un ayer.

Intrépida amazona nocturna:
eres ave de paso.
Diana de flechas en celo.
Solemne dama del Averno.
Esfinge engalanada.
Diosa destronada.
Hechicera consagrada
a brebajes de fuego eterno.

Amazona errante:
Hoy escribo tu historia.
Mi mano te espera con esperanza.
Tus ojos reclaman mi ayuda.
Y, tu camino ya está abierto;
más allá de la amargura.


                                                            Irene Ríos.