domingo, 15 de enero de 2012

INCONSCIENTEMENTE...



En ocasiones, hacemos daño a alguien sin apenas darnos cuenta.
El hecho de que podamos medir o calibrar la intensidad del sufrimiento acarreado a los demás es absolutamente imposible.
Ya sea por incapacidad o por desafección emocional, por cruzar puentes en vez de avanzar a través de plácidos caminos,por intentar saltar barreras insostenibles o recular en decisiones supuestamente coherentes;saber el daño que puede padecer un ser humano, por nuestra propia incapacidad de percepción ,es muy complicado.
El sufrimiento de los seres humanos, en la mayoría de los casos, responde  a las propias carencias internas e intrínsecas a su propia morfología psicológica.
Necesidades, frustracciones, deseos volátiles e inalcanzables; falsas realidades de vida.Los valores internos de una persona, son individuales,únicos y diferenciales al resto de los seres humanos,aunque haya verdades o principios fundamentales que responderían más a una identificación con la Inteligencia cósmica del Universo.
El ser humano que sufre un daño, no es un sujeto pasivo. Dentro de él, de su proceso psicológico , varía la intensidad y frecuencia de su dolor emocional en un orden individual, en un relativismo subjetivo y personal.
Intentar satisfacer las espectativas del otro , es perder gran parte de nuestra propia identidad.
Debemos compartir experiencias, trasladar vivencias y desarrollar nuestras emociones más allá de un simple monólogo interior, pero jamás buscar la plena aceptación del resto del mundo.Un mundo colindante con nuestra vida pero dentro de un desarrollo personal único e intransferible.
Nuestro cosmos particular es eminente emocional, fluctuante y diverso.El prisma de cada ser humano varía de pigmento según recuerdos, memoria y capacidad de adaptación a las circunstancias adversas.
La impronta de recuerdos enquistados en un amalgama de olvidos rememorados , conforma la psicología humana desde una temprana edad.
El fenómeno de socialización, la educación afectivo-emocional inculcada en nuestra infancia,el grado de ansiedad que es capaz de soportar un individuo y la confianza en uno mismo;son procesos que interfieren en la acción involuntaria de infligir daño a alguien o sentir esa misma emoción.
Lo más importante es la pureza en la intención.El sujeto que sin querer hacer sufrir , actúa bajo sus propios criterios , valores y verdades relativas.Aquello con lo que cada uno es capaz de baremar el mundo que le circunda.
La energía de la intención debe fluir limpia, prístina, inmaculada en su manantial de conocimiento.La razón , la lógica debe apoyar esas mismas energías y potenciarlas en su recorrido hacia la acción pura.
Razón y energía de intención deben de danzar unidas en un eterno vals universal.
Mediante la intención desnuda, podemos serenar nuestra conciencia, en la toma de decisiones , que, por supuesto, nunca serán del agrado de todo el mundo, pero sí, para nosotrso mismos.
En la naturaleza se habla de "especies invasoras"pero estas especies no son conscientes de sus acciones porque instintivamente se deben al desarrollo de su especie y a la supervivencia.
Igual sucede con el ser humano.Debemos tomar decisiones, opciones de vida que pueden no ser bien recibidas por el resto de nuestros congéneres , pero en definitiva, debemos sobrevivir y luchar por ser felices y caminar consecuentes a nuestra propia idiosincrasia.
El célebre axioma :"No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti", puede ser un referente a la hora de relacionarnos con los demás pero debemos saber que cada ser humano tiene su propia escala de valores y éstos al ser relativos no nos marcan una pauta fija a la hora de actuar.
Yo creo, que el daño infligido , es siempre inconsciente.Incluso, el que pareciera más objetivo, porque al fin y al cabo, la ignorancia es la pandemia que canaliza los instintos primarios más irracionales y ruines de la naturaleza humana.
Sólo a la luz de un conocimiento verdadero y trancendental, allende las estrellas, podemos hacer frente a la ignorancia que subyace en los bajos fondos del ser humano.


                                                                   Irene Ríos.