lunes, 10 de octubre de 2011

ENCUENTROS INESPERADOS

Cuántas veces te he llamado amigo.
¡Cuántas veces he soñado con este encuentro inesperado!

Cuando te conocí, ya hace algunos años, no lograba pronunciar con la infinita seguridad que merece esta excelsa palabra,la magnitud de mi sentimiento.
Tu amistad, este sentir profundo sereno y palpitante que acaricia nuestras almas entregadas,que conmueve cada ventrículo de mi corazón , ya viene de viejos capítulos del pasado, actualizados en este eterno presente.
Hace un tiempo, en mi ofuscación y sangrante sinsabor vital, la grandeza y profundidad de este concepto (amistad), su naturaleza átmica y no meramente emocional,se mostraba empañado con cada lágrima de duda e inseguridad que acongojaba  las entrañas de mi ser.
La palabra "amistad",era repetida con la simple inercia de una profunda ignorancia.Sensaciones cálidas y cercanas me hacían atisbar en alguna medida lo que podría llegar a valorar como algo excelso.
Sin embrago, estas sensaciones plenamente emocionales, aunque enlazadas por bellos y sutiles hilos de seda fina, no lograban bordar  el tapiz celestial de lo que debe ser una buena amistad.Emociones de endebles hebras deshilachadas,desechaban  mi confianza en los seres humanos, con el recuerdo de un ayer mal confeccionado.
Eran tiempos en que estaba de moda llenarte la boca con leves susurros de la palabra"amistad".¿Por qué hemos vulgarizado e incluso degradado tanto su profundo significado?
¿Quizás nos ha calado hondo la famosa frase "el  Hombre es un lobo para el Hombre"?
"Cuántas veces he adherido a tu hermosura interior e innata sabiduría mis propios prejuicios y tabúes;cuántas veces he solapado a tu personalidad amante,frustrantes significados aprendidos de un léxico impersonal, restringido e inerte".
Efímeras pasiones han oscurecido el fulgor que enarbola y enaltece la esquisitez de esta magnífica palabra; luminosa y celestial.
Tu encuentro, amigo, fue sorpresivo e inesperado; así suceden los grandes acontecimientos de la vida pero, eso sí,amparados por la fuerza de su simplicidad.
Tu compañía es grande.Y mi sentimiento y eterna gratitud crecen con el loto sagrado que poco a poco va abriendo sus pétalos en mi corazón.
Fuiste y eres un Angel de luz, una estrella fugaz que señaló mi camino en el firmamento.
Eres mi hombre -delfín; aquel ser humano que cuando nos sumergimos en el óceano profundo de nuestros temores internos ,nos impele e impulsa vigorosamente a la superficie mas serena de nuestras vidas.
Eres mi hombre-gaviota; aquel ser humano que posado sobre aguas mansas y tranquilas, al emprender su vuelo, con firmeza y seguridad, un vuelo nítido y ligero, nos enseña el camino a seguir, que sin atajos, nos eleva directamente al cielo, a nuestro cielo interior.
Ese eres tú.La manecilla que marca el norte en mi brújula interna, la eterna canción de la esperanza, el arrullo de las olas acariciando la suave arena de mi ser.
Gratitud , amor, amistad.
Siempre bendeciré tu exquisita presencia y el perfume de tu bondad.

                                                                 Irene Ríos.