domingo, 31 de julio de 2011

INANICIÓN ESPIRITUAL










A veces ,le cuesta recordar aquellos días...


No comprendió la sensación de pánico hasta que sintió la congelación de sus anhelos en su propio ser
Confiada, acoplada y en monótona costumbre, enfrentando cara a cara nuevos retos, desconocía los desvaríos infundados que sus propios pensamientos podían recrear e imaginar.
Aparentemente, nada le atemorizaba.Pensaba que sus idealismos,a veces, exacerbados,amparaban la flojera incómoda de ciertos días pardos y cenizos.
En algún momento muy puntual de su vida, había degustado cierto sabor a inseguridad y, un leve desasosiego carcomía poco a poco sus ilusiones, cayendo por la borda , en un incesante ronroneo insípido, su verdadera sensación de vivir.
Pero...¡todo estaba controlado!
Creía confiar en sí misma, e incluso,sabía conducirse en el mundo con cierta holgura y desparpajo emocional.
Fue una niña muy querida y protegida por sus padres pero, su independencia ,acuasada y tenaz, forjaba su propio camino con esmero.
Ideas adulteradas, creencias estereotipadas, conceptos manufacturados, tabúes reciclados, en una mentalidad obstruída y encorsetada...¡Bulimia mental!
Durante toda su vida, fue demasiado exigente consigo misma.Pensó que la perfección , en toda su definición, como entidad real y sustantiva, tenía cabida en la supuesta imperfección de su vida.
Quiso encontrar la excelsitud del Universo a través de nuestro mundo y sus vaivenes, a través de viejos libros de excéntricas conquistas e insondables adivinanzas, de dietas hipocalóricas y brebajes de felicidad edulcorada.
Dietas insípidas en imposibles aquelarres iniciáticos en forma de receta. Mixtura de alimentos machacados con ideas de frígidas sensaciones,creencias que subyugaron la libertad de su cuerpo y mente.
Cada acto de su vida, estaba controlado, custodiado por obsesiones que limitaban los caminos de su libertad personal. Todos los porqués tenían respuesta y nada podía estar fuera de su habitual atrincheramiento.
Lo sencillo, común ,natural, y diáfano , abrió paso a una obcecada sensación blindada y opacada de sí misma.
Su mundo, trazado bajo las lineas de su cartabón privado, constreñía sus sueños en firmes
voces dominantes y falsas espectativas vitales.
Una noche del mes de enero, sintió miedo. Un miedo atroz, intenso y corrosivo.Un electrizante escalofrío que sin conmiseración, penetraba sigilosamente en su cuerpo congelado; astillando su corazón que pernoctaba contraído.
Sensacines que escocían, emociones que estrangulaban sus entrañas sin piedad.
Un sudor intenso e inoportuno, inundó su cuerpo.Una vara de metal que obstruía los caudales de sangre, pasión y vida que le identificaban como ser humano.
Ahora...sólo era materia inerte.
Sensaciones irreconciliables, trágicas, devastadoras.Fisuras abiertas en un alma temprana.
Ya nada estaba bajo el yugo espartano de sus dominios perfeccionistas, y creyó caer en la locura.
Entregada, agazapada y rendida a los vientos de la vida, encontró un rinconcito entre el cielo y el infierno, allá donde cielo y tierra se confunden, y, abandonada, "echó" su cuerpo al olvido.
Pasados unos días , unos meses, quizás años...volvió la normalidad de su vida.
¡Un nuevo ser humano había nacido de sus cenizas!
El miedo, el dolor, permutó en una débil sensación de desconfianza, pero, tan nimia, que se transformó en aceptable.Tan parca y callada que ya no gemía en sus noches oscuras.
Hoy en día , con su edad y experiencia, ha aprendido a aceptar sus miedos y ya no los mira de soslayo.Les habla, les comenta, los mima, y hasta los bendice.
Les da las gracias por todo lo aprendido, por ayudarla a crecer, a vencerse a sí misma un día más sin perecer en el combate, a poder amanecer en cada instante de su tiempo de forma radiante y segura, aunque el alma nunca amanece porque siempre está amanecida, es cuestión de sentirla.
Gracias al miedo y sus consecuencias emocionales, pudo desarrollar y manifestar la gran virtud que subyace en la esencia misma del ser humano:el valor.
Un ser humano que nunca ha sentido la intromisión del miedo en su vida, jamás puede decirse que es un Hombre valiente.La experiencia cercana del miedo, es la entrada triunfal al posible desarrollo del coraje de vivir.
Esta vivencia, fortaleció los cimientos de su vida y, aunque ésta no sea perfecta, su combate interior, su batalla , ahora en tregua con ella misma, ya no busca los cánones y estereotipos comunmente admitidos como "bellos" o "perfectos".
Hoy en día adora la imperfección y sus múltiples taras difusas.
Y, lo más importante, reconoce el valor y la fuerza que mora en un rincón desconocido del ser humano.Un lugar, muy real...donde el miedo abrió paso a su cordura.


                                                                Irene Ríos.